miércoles, 21 de junio de 2017

LA DISFORIA DE GÉNERO: ÁMBITO EMERGENTE DE INTERVENCIÓN SOCIAL


El Trabajo social, una profesión con más de cien años a sus espaldas, desde que Mary Ellen Richmond (1861–1928) y Jane Addams (1860-1935) sistematizaran y dotaran de contenido teórico a las prácticas profesionales de ayuda, ha tenido como ámbitos de intervención social “clásicos”, la intervención con individuos, familias, grupos y con la propia comunidad, allí donde las carencias, dificultades, necesidades, tanto individuales, familiares, grupales como colectivas, exigían de apoyo profesional.
A  lo largo del Siglo XX, los ámbitos de intervención de los profesionales del Trabajo social se han ido estructurando en torno a los sistemas públicos de protección social (salud, educación,  empleo, servicios sociales, justicia, vivienda),  y también en el ámbito privado, sea éste el relacionado con las empresas, como en el Tercer sector.
En la actualidad existen ámbitos y áreas de intervención “emergentes” en el trabajo social, de entre los que destacamos hoy aquí, la intervención en la disforia de género.
La disforia de género no es un fenómeno actual. Por el contrario, se ha constatado su existencia en todas las culturas y a través de los tiempos. Afecta a aquellas personas que muestran una fuerte identificación con el género contrario al de su sexo anatómico y una fuerte insatisfacción con el que poseen biológicamente. Esto les sucede desde muy temprana edad y no debe confundirse con la sexualidad que desarrollarán en las siguientes etapas de sus ciclos vitales.
La terminología para “identificar” la disforia de género como “transexualidad” o  “Trastorno de Identidad de Género”, se ha usado con connotaciones negativas (trastorno) y con una carga social despectiva que ha marginado y estigmatizado la población con disforia de género. La Organización Mundial de la Salud (OMS, CIE-10) sigue hablando a fecha de hoy de “transexualidad” y la Asociación Americana de Psiquiatría acaba de actualizar el antiguo “Trastorno de Identidad de Género” por el término a Disforia de Género en el DSMV (2013).
Lo que sí es relativamente novedoso es la toma de consciencia de la población de la existencia de la disforia de género como una situación que provoca gran sufrimiento a quienes la padecen y de la toma en consideración de las reivindicaciones de los afectados,  en especial, de familias con niños o niñas con disforia de género.
El colectivo, agrupado en diversas asociaciones ha hecho públicas, a través de campañas e informes, sus principales demandas:
1ª- Despatologizar la disforia de género y reclamar su desaparición como enfermedad en manuales de diagnóstico psiquiátrico, al igual que ocurrió con la homosexualidad en años pasados.
2ª – Crear unidades de atención multidisciplinares, con médicos, psicólogos y trabajadores sociales especializados en la atención a la disforia de género.
3ª-  Luchar contra la discriminación, en múltiples aspectos y ámbitos:
a)     Normativamente al tener que esperar largos periodos por la reasignación legal.
b)    En los sistemas de salud donde sólo se cubre su atención en determinadas Comunidades Autónomas de España y donde las esperas por cirugías de reasignación, cuando son pertinentes y solicitadas,  son largas y complejas.
c)     En las escuelas cuando se les obliga a niños y niñas con disforia de género, a usar un nombre femenino o masculino con el que no se identifican; a utilizar baños y vestuarios que no se corresponden con su género; a practicar deportes o a participar en actividades y roles de género predeterminados (vestir como chico o chica); cuando se les invita a abandonar el “centro”; o cuando son acosados por sus compañeros/as por razones de género.

Una detección precoz de la disforia de género, así como su afrontamiento integral por parte de la familia, la escuela y la comunidad, evitarían fuertes secuelas físicas y psicológicas en los niños y niñas, y muy en especial en la adolescencia, período de fuertes cambios físicos, desarrollo intelectual y conformación de la propia personalidad.
Urge, por lo tanto, la normalización de estas situaciones desde diferentes ámbitos: clínico, jurídico y social. Desde el punto de vista médico para proporcionar tratamientos adecuados con un respaldo científico indiscutible a estas personas. Desde una perspectiva jurídica, para garantizar, tanto la tutela efectiva de los derechos del niño/a, que podrían verse afectados tanto por omisión como por acción incontrolada sobre su cuerpo; como por otro lado, para garantizar las acciones de los profesionales involucrados en su tratamiento hormonal y cirugía de reasignación (en especial médicos y psicólogos)  (Montero, 2015[1]). 
Desde una perspectiva social, es preciso apoyar la normalización de la disforia de género con información, orientación, acompañamiento profesional a los afectados o a sus familias,  y proporcionar ayudas que posibiliten su bienestar social.
Cabe subrayar la lucha por la normalización emprendida por diferentes asociaciones como la Federación de Gays, Lesbianas y Transexuales; Transexualia;  la Fundación de Identidad de Género; Chrysallis (asociación de menores transexuales) o la Red por la Despatologización de las Identidades Trans del Estado que promovíó la Guía de buenas prácticas para la atención sanitaria a personas trans en el marco del sistema nacional de salud (2010)[2] con el objeto de ofrecer orientaciones a los profesionales que han de intervenir con estas personas.
En el año 2007 se aprobó la denominada Ley de Identidad de Género[3] que permite a las personas transexuales cambiar su nombre y su sexo en el Registro Civil, previa acreditación de disforia de género por parte de un médico o psicólogo.  Sin embargo, esta atención a la disforia es insuficiente y aunque en determinadas Comunidades autónomas se ha continuado con los avances jurídicos en esta materia, no existe uniformidad en el Estado.
Falta mucho todavía por normalizar la disforia de género. Personalmente considero que debiéramos comenzar por dónde suele comenzar toda nuestra vida social: en las familias y en la escuela.
En las aulas se debe apoyar la “transición social” de los niños y niñas con disforia de género atendiendo a su especificidad y su peculiaridad. El trabajo cooperativo con sus familias es imprescindible.
 En las direcciones de los centros educativos se deben establecer Protocolos de atención a la disforia de género que impliquen al alumnado (que debe ser informado y asesorado), a los progenitores a los que se les debe explicar que se va a producir una transición social en el centro, qué significa y qué implica para sus hijos e hijas, y por supuesto, que implique al profesorado. Todo el profesorado debe además estar atento a posibles situaciones de acoso escolar que, normalmente se produce antes de la transición social y, en poas ocasiones, después de haberse producido.

En definitiva debemos avanzar un poco más en la consecución de los derechos de los niños, niñas, adolescentes y personas con disforia de género.


[1] Montero Ezpondaburu, L. (2015). Transexualidad  infantil, a la espera  de  una  respuesta. El País, 5 de mayo de 2015. http://politica.elpais.com/politica/2015/05/07/actualidad/1430994937_261677.html. Luis Montero Ezpondaburu es médico forense, especialista en Medicina Legal y miembro del Grupo de Trabajo de Disforia de Género en Menores que integra a profesionales de UTIG, especialistas en bioética, juristas y educadores.
[3] Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas.





Carmen Verde Diego

jueves, 11 de mayo de 2017

VIOLENCIA ESCOLAR EN A EDAD ADOLESCENTE


El estudio de la violencia escolar en la edad adolescente ha registrado un claro avance en la última década como un fenómeno transversal en los centros educativos. Las conductas violentas en los jóvenes constituyen un problema de índole social, y su incidencia parece mantener cierta tendencia al aumento. Como puede suponerse, la comprensión de la realidad es anterior a cualquier intervención proactiva o reactiva, porque ayuda a seleccionar los recursos (organizativos, humanos, o materiales) que mejor se ajusten a las necesidades de convivencia educativa. Esta propuesta va a focalizarse en el periodo adolescente y en los trabajos de investigación realizados en los centros de enseñanza secundaria obligatoria. Además, va a ofrecer dos encuadres interrelacionados: el primero para la prevención de la violencia, y el segundo para la resolución de conflictos.

PROPUESTAS DE MEJORA DESDE EL ENFOQUE PREVENTIVO
1.   Priorizar y planificar nuevos diagnósticos de necesidades para favorecer la convivencia en los centros educativos:
-  Gestión de la convivencia: número y gravedad de los conflictos; expedientes disciplinarios incoados; procedimientos conciliados de resolución de conflictos; implicación del profesorado; práctica educativa que integra valores educativos; colaboración familiar; existencia y conocimiento de protocolos propios de actuación; entre otros.
-  Clima del aula: expresión de sentimientos, ideas, opiniones y emociones; nivel de confianza entre profesorado y alumnado; adecuado nivel de disciplina; asiduidad de conductas disruptivas; gestión correcta de la dinámica del aula; cumplimiento de las normas.
-  Gestión de la organización: potencia, como herramienta de desarrollo personal, la convivencia; realiza actividades a favor de la no violencia; promueve la mediación y la resolución de conflictos; existen planes de acogida para profesorado y alumnado; equilibrio en los equipos directivos; y sobre todo, fomenta la transparencia en la comunicación.
2. Poner en marcha el Plan de Convivencia:
-  Debe establecer las líneas generales del modelo de convivencia que se deben adoptar en el centro, los objetivos específicos que se propongan alcanzar, las normas que lo regularán y las actuaciones que se deben realizar en este ámbito para la consecución de los propósitos planteados: permitir la prevención del conflicto, resolución pacífica del mismo, y fundamentalmente prohibir cualquier tipo de discriminación dentro de la comunidad educativa.

3. Desarrollar actividades encaminadas a favorecer la convivencia en centros educativos:
-  Actividades que faciliten la integración y la participación de todo el alumnado.
-  Actividades que fomenten las relaciones entre los centros educativos y las familias.
-  Actividades de sensibilización frente a los casos de violencia escolar y discriminación.
-  Actividades de información, reflexión y autovaloración en torno a la igualdad entre hombres y mujeres.
4. Medidas a desenvolver por los distintos colectivos de los centros educativos que previenen la violencia:
-  Administración educativa: Designación de un inspector que centralice toda la información sobre conflictividad en los centros educativos y apoye asesorando al profesorado.
-  Equipos directivos: Necesidad de convicción para afrontar los problemas de violencia escolar.
-  Claustro escolar: Implicación en la aplicación de los modelos de actuación y aplicación de los planes de acción contra la violencia.
-  Profesores-tutores: Dedicar tiempo, promover debates, fijar normas fundamentales, y organizar tareas que ayuden a la convivencia.
-  Alumnado: Creación de un equipo de mediación bajo la supervisión de un tutor de convivencia.
-  Familias: Colaboración estrecha con los centros educativos y control en horarios extraescolares.
5. Formación del profesorado:
-  Priorizar y planificar la formación inicial del profesorado en las Universidades.
-  Ajustar los planes de formación permanente del profesorado, ofrecida a través del Centro Autonómico de Formación e Innovación (CAFI) y los Centros de Formación y Recursos (CFR), poniendo énfasis en la necesidad de mejora en la detección de situaciones conflictivas y optimizar su desarrollo en el aula.
6. Empleo de la controversia programada para la mejora de la convivencia


PROPUESTAS DE MEJORA DESDE EL ENFOQUE INTERVENTOR
1.      Seguir el principio de intervención inmediata y actuar desde el nivel más próximo en adelante (profesor-equipo de mediación-comisión de convivencia).
2.      Conocer y aplicar los protocolos de acción. Se presenta el que se puede aplicar en Galicia (Xunta de Galicia, 2013):
-  Primera fase. Conocimiento de la situación. Identificación y comunicación.
-  Segunda fase. Recogida de información. Registro.
-  Tercera fase. Análisis de la información y adopción de medidas.
Cuarta fase. Seguimiento y evaluación de las medidas adoptadas. Registro.
3.      Instrumentación de la resolución de conflictos y mediación entre pares
4.       Poner en marcha el arbitraje convencional a través de los siguientes pasos:
-  Acuerdo de sometimiento por ambas partes a la decisión del árbitro.
-  Exposición de sus metas al árbitro.
-  Definición del problema por ambas partes.
-  Cada parte defiende su posición, sin interrupciones.
-  Cada parte tiene la oportunidad de refutar las afirmaciones de la otra.
-  El árbitro toma una decisión final acatada por ambas partes.
5.      Establecer protocolos en los centros educativos para la corrección de las conductas contrarias a sus normas de convivencia:
-  Tipificar las conductas contrarias y definirlas en el Reglamento Orgánico del Centro (ROC).
-  Instaurar un catálogo de posibles correcciones y órganos que deberán decidir sobre su aplicación.
-  Realizar todos los trámites de procedimiento por escrito en documentos diseñados con anterioridad (modelos de formularios).
6.      Diseñar un procedimiento para la corrección de conductas gravemente perjudiciales para la convivencia en el centro:
-  Actuaciones necesarias para corregir estas conductas.
-  Tipificación de las conductas gravemente perjudiciales: actos de indisciplina, injurias, ofensas graves, reiteración, agresiones, o daños graves a instalaciones, entre otras.
-  Establecer posibles medidas correctoras.
7.       Fijar un marco referencial para la tramitación de los expedientes disciplinarios:
-  Acuerdos en la incoación de expedientes: inicio, instrucción, trámite, finalización, y ejecución.


            Así pues, se ofrecen posibles medidas efectivas para la prevención e intervención en la mejora de la convivencia en los centros de enseñanza, ahora serán las  comunidades educativas quienes gozan de autonomía para llevarlas a la práctica.


José Domínguez Alonso

sábado, 6 de mayo de 2017

LA SALUD OCUPACIONAL DE LOS DOCENTES

Durante el ejercicio profesional es necesario que el docente disponga de un sólido bagaje en los ámbitos científico, cultural, contextual, psicopedagógico y personal que le permita asumir la tarea educativa en toda su complejidad.
Entre las características de esta tarea docente destacan la multiplicidad de tareas, la diversidad de contextos en donde estas se desarrollan, la complejidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, la inmediatez de las diferentes acciones educativas, la incertidumbre de las situaciones que aparecen durante un acto didáctico o la implicación personal y el posicionamiento ético que supone para el docente cada tarea (Valle y Manso, 2016).
No poseer capacidad reflexiva y crítica para asumir esta complejidad conlleva un desgaste profesional y que el colectivo docente sea uno de los más afectados por problemáticas derivadas de la exposición prolongada a riesgos de tipo psicosocial, pero también fisiológicos. De hecho, la enseñanza se ha descrito como una actividad profundamente emocional, pero se sabe poco sobre las demandas emocionales a las que se enfrentan los maestros.
Por ello, además de los trastornos de la voz existen otro grupo de enfermedades y dolencias que pueden padecer los profesores, y que no están incluidas dentro del catálogo de enfermedades profesionales.


ENFERMEDADES OCUPACIONALES DEL DOCENTE, SÍNTOMAS Y FACTORES DE RIESGO



Para prevenir estas problemáticas:
  1. Practica de forma regular actividad física
  2. Sigue una alimentación sana
  3. Apúntate a técnicas de relajación como el Mindfullness (atención plena) para reducir los niveles de estrés
  4. Cuida las condiciones ambientales de tu aula: iluminación, ambiente térmico, audición y sonorización, creación de ambientes desprovistos de polvo, entre otros
  5. Evita fumar
  6. Asiste a programas de educación vocal. Estos programas permiten la adquisición de conocimientos teóricos y prácticos para la prevención de tu salud vocal con vistas a poder modificar hábitos inadecuados
  7. Intenta utilizar los recursos tecnológicos que reduzcan el uso de la voz
  8. Si es necesario realiza una formación ergonómica que permita habituarte a una postura adecuada, erguida y simétrica, así como evitar tensar los músculos de la cara, el cuello, hombros y garganta, entre otros
  9. Controla el número de otras que utilizas una PVD (pantalla de visualización de datos)
  10. Si es necesario acude a técnicas de fisioterapia. El profesorado debiera tener a su alcance este tipo de profesionales que les permita una atención temprana cuando aparecen los primeros síntomas de trastornos músculo.esqueléticos o problemas de la voz
  11. Convierte a Internet en un lugar de información. Allí encontrarás recomendaciones específicas sobre salud laboral docente.

UGT: Enlace al portal de UGT 

ENETOSH - European Network Education and Training in Occupational Safety and Health: 

Para saber más: Calera A. A., Esteve, L., Roel, JM.  Y Uberti–Bona, V.: La salud laboral en el sector docente. Guía para la prevención de riesgos. Alicante: Ediciones Bomarzo-ISTAS






Margarita Rosa Pino-Juste